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domingo, 22 de marzo de 2020

9=FE



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                                                                   9 = Fe

Sagrado es este número de finalización, ubicada en la Fe de los seres humanos. Pero tiene que ser la verdadera Fe,  cual se ha convertido en la convicción interna por implacable objetivo balanceo de poner a prueba.

         Fe ciega siempre es falsa, debido que viene de la pereza espiritual.
                 
Sólo la fe genuina comprende el conocimiento de la Creación y deja florecer la pureza, cual conduce el espíritu humano hacia alturas luminosas y finalmente le abre la puerta al paraíso. Como inconsciente germen espiritual, salió algún día de su patria espiritual, el paraíso, y como personalidad consciente regresara.

En esta evolución las envolturas a partir de los materiales de esos planos, que él tenía que atravesar hasta la tierra le eran protección y asistencia.La envoltura más gruesa y la última fue el cuerpo la primera y más delicada envoltura se las regalaron las hadas en el reino sustancial por debajo del paraíso.

El nueve está situado en el devenir del cuerpo humano.Nueve meses dura
normalmente, hasta que el cuerpo de un niño está desarrollado.El símbolo para el nueve es el círculo.Es un símbolo del círculo completado, cual siempre termina, donde empezó.

                           
En términos grandes, llegamos a conocer las nueve leyes numéricas, en el actuar y tejer de la Creación.Como hemos visto, también el humano terrenal está sometido a sus efectos.Todo su ser este tejido en ello.Él toma, debido a su origen espiritual, en la Creación subsecuente, del mundo material, el primer puesto.La Dos nos encontramos en el actuar de masculinidad y de feminidad.La tres se muestra entre otras cosas en la división de Cuerpo, Alma y Espíritu. 

                                   
Cuatro elementos básicos poseen el humano terrenal, cuales a él cuando le domina, le ayudan y facilitan a allanar el camino en la tierra.Cinco sentidos transmiten a él el conocimiento del amor de su Creador, de manera que es capaz de seguirlo en el espíritu y se incorpora a su área de la vida en la acción.

Hacia seis direcciones se puede mover y la temporización, a la que toda la vida en la tierra está alineada, está fundada en la seis. El siete le dice, que debe adaptar su voluntad a la voluntad de Dios. Deberá pensar en ello, si el séptimo día de la semana, el domingo, si lo utiliza como una forma de contemplación y reflexión, de manera que no olvide el desarrollo de su espíritu en el trabajo de la vida cotidiana;
                                                       
                                   ¡porque para este fin está aquí en la tierra!

Su espíritu está estrechamente ligado al ocho como portador de esta ley. La excelente capacidad de su espíritu es la libre voluntad.En todo su desarrollo, está sujeto a la ley del ciclo que vibra en el nueve; empezando en el núcleo espiritual, del cual origen es el paraíso, hasta la madurez espiritual de una plenamente consciente personalidad, cual por estar autorizado de entrar al paraíso completa su ciclo.

Un misterioso conocimiento se basa en los números y sus leyes, que oscilan en el eterno ritmo a través de todos los niveles de la Creación.

                     "Hilos de luz pueden ser las leyes numéricas para los humanos,
                    que les llevan al conocimiento de la voluntad de Dios en la Creación,
                              cuales Dios dejo surgir una vez, en su gran Amor!

                                                       Herbert Vollmann                                           

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sábado, 14 de marzo de 2020

EL PADRENUESTRO



EL  PADRENUESTRO

Padre nuestro que estás en el Cielo.
Santificado sea Tu Nombre.
Venga a nosotros Tu Reino.
Hágase Tu Voluntad así en la Tierra como en el Cielo.
El pan nuestro de cada día dánosle hoy.
Y perdónanos nuestras deudas así como nosotros
 perdonamos a nuestros deudores.
Y no nos dejes caer en la tentación.
Más líbranos del mal.
Porque Tuyo es el Reino, el Poder y la Gloria por los siglos de los siglos.

                Amén.

                 Jesús
             Hijo de Dios

El hombre no ha de olvidar que, en principio, sólo debe buscar en una oración la fuerza para poder realizar por sí mismo todo cuanto ruega que se le conceda.
 ¡Así ha de orar! ¡Y éste es el sentido con que el Hijo de Dios entregó esta oración a sus discípulos!

               Abd-ru-shin
         En la Luz de la Verdad
            Mensaje del Grial

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miércoles, 11 de marzo de 2020

ORACIONES DADAS A LA HUMANIDAD POR ABD-RU-SHIN




¡Oh pobres seres humanos, si pudieseis finalmente orar correctamente!

                        ¡Orar realmente!

Cuán rica sería entonces vuestra existencia,
 pues en la oración reside la mayor felicidad,
                     que podéis obtener.

    Ella os eleva inconmensurablemente alto,
      de modo que la sensación de felicidad
           os perfluye bienaventuradamente.

          ¡Que podáis orar, seres humanos!

          Eso es ahora mi deseo para vosotros.

          Luego, en vuestro pensar restrictivo,
           no más preguntaréis a quién debéis,
        y a quién a vosotros os es permitido orar.

       Sólo existe Uno, a Quién a vosotros os es permitido
                  consagrar vuestras oraciones,
                           solamente Uno:

                            ...¡DIOS!

                           Abd-ru-shin

Pequeño extracto de la conferencia ¡Pedid, luego a vosotros será dado!
De la Obra Sagrada y Eterna "En la Luz de la Verdad"  Mensaje del Grial.
Publicaciones Hispanas del Grial, Editorial Stiftung Gralsbotschaft
                              Stuttgart Alemania

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   Mensaje del Grial de Abd-ru-shin

Para la absorción apropiada del Mensaje de Grial,es esencial leer las disertaciones en la secuencia dada.De otra forma, habrán lagunas que imposibilitarán un entendimiento completo.

"La Obra "En la Luz de la Verdad" es una fuente de Conocimiento Puro para todos aquellos quienes sinceramente buscan por La Verdad."

Abd-ru-shin nunca tuvo la intención de fundar una nueva secta o comunidad religiosa.

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sábado, 23 de febrero de 2019

CASTIDAD







CASTIDAD

LOS SERES HUMANOS han restringido increíblemente el concepto de la castidad hasta tal punto que ya no queda absolutamente nada de su verdadero significado. Encaminado incluso por sendas erróneas, su deformación ha traído, como natural consecuencia, una opresión inútil sobre muchas personas y aun, muy frecuentemente, indecible sufrimiento.

Preguntad donde queráis qué es castidad y en todas partes obtendréis como respuesta el concepto de la virginidad corporal aclarado de uno u otro modo; en todo caso, en tal concepto culmina la idea que de ella tiene la humanidad.

Esto manifiesta, ya de por sí, plenamente la estrecha mentalidad de los seres humanos que se subyugan al intelecto, siendo éste el que ha fijado los limites de todo lo terreno, ya que sus facultades nacidas de lo terrenal no le permiten alcanzar un nivel superior.

Cuán más fácil no sería, entonces, para el hombre, pasar por casto y crearse una reputación como tal pavoneándose en su vana fatuidad. Pero con semejante actitud no conseguirá dar un solo paso ascendente por el camino que conduce a los Jardines luminosos, al Paraíso, que es la meta bienaventurada del espíritu humano.

De nada le sirve al hombre conservar virgen su cuerpo físico si mancilla su espíritu, pues así no logrará jamás franquear los umbrales que de forma escalonada conducen hacia las alturas.

La castidad es muy distinta de lo que los hombres se imaginan, más global, mayor, y no implica oposición a la naturaleza; pues esto sería contravenir las leyes que vibran en la Creación de Dios, lo cual no puede quedar sin repercusiones perjudiciales.

La castidad es el concepto terrenal de la Pureza, que es divina. Es para todo espíritu humano la aspiración de concretar en la materialidad densa el presentido reflejo de algo que, en lo divino, es evidente. La Pureza es divina. La castidad es su imitación por el espíritu humano, esto es, una imagen espiritual que puede y debe hacerse visible en la actividad terrenal.

A todo espíritu humano ya maduro debería bastarle esto como ley fundamental para ejercer la castidad. Mas aquí en la Tierra, impulsado por no pocos deseos egoístas y con el único fin de satisfacerlos, el hombre se inclina a engañarse a sí mismo imaginándose poseer ciertas cosas que en realidad no existen absolutamente en su interior.

¡El egoísmo toma el mando y paraliza su volición verdaderamente pura! El hombre jamás se lo confesará a sí mismo, al contrario, seguirá dejándose engañar tranquilamente. Y al no saber como justificarse, califica de inevitable sumisión al destino lo que con frecuencia es, a todas luces, un afán de satisfacer los más reprensibles deseos egoístas.

He aquí por qué necesita otras indicaciones que, como línea de conducta y base de apoyo, le permitan reconocer y experimentar vivamente lo que es en realidad la castidad tal y como reside en la Voluntad divina, que no quiere que en la Tierra nada se separe de la naturaleza.








¡En lo Divino, la Pureza se halla íntimamente ligada al Amor! Por eso aquí, en la Tierra, el hombre no debe intentar separar estos dos conceptos, si es que han de traerle bendiciones.

Mas resulta que también el amor en la Tierra no es otra cosa que una maléfica caricatura de lo que es en realidad. Por eso no puede unirse, sin una modificación previa, al verdadero concepto de la Pureza.

A todos los que aspiran a adquirir castidad dirijo la siguiente sugerencia, que proporciona la base de apoyo que el hombre necesita en la Tierra para vivir conforme a la ley de la Creación y, por lo tanto, para ser grato a Dios:

“Aquél que en todos sus actos tenga siempre en cuenta no causar daño y no emprender nada que más tarde pueda afligir al prójimo que confía en él, obrará siempre de tal suerte que su espíritu permanecerá libre de toda carga, mereciendo entonces realmente el calificativo de casto”.

Estas simples palabras, bien comprendidas, pueden guiar al hombre a través de toda la Creación salvaguardándolo y conduciéndolo hacia las alturas de los Jardines luminosos, que son su verdadera patria. Estas palabras son la llave para actuar de manera justa en la Tierra; pues en ellas reside la verdadera castidad.

Jesús, el Hijo de Dios, ha expresado exactamente lo mismo con otras palabras:

“¡Ama a tu prójimo como a ti mismo!”.

Mas guardaos muy bien de caer en los antiguos errores humanos, acomodando a vuestro gusto el sentido de las palabras y deformándolas parcialmente para que sirvan a vuestros intereses egoístas, os tranquilicen cuando obréis falsamente y os ayuden a adormecer a vuestros semejantes en su indolencia o incluso a engañarlos.

Interpretad estas palabras como realmente deben ser interpretadas y no del modo que os parezca más cómodo y más conveniente para vuestros fines personales. Entonces se transformarán en espada afiladísima puesta en vuestra mano, con la cual podréis vencer las tinieblas, si tal es vuestra voluntad. Dejad que estas palabras cobren vida en vosotros de manera justa a fin de abarcar la vida en la Tierra como vencedores colmados de júbilo y agradecimiento.

                                                       Abd-ru-shin
                                               MENSAJE DEL GRIAL

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          "Castidad" de la Obra Eterna y Sagrada "En la Luz de la Verdad"
                                        Mensaje del Grial de Abd-ru-shin

                             
                                Para la absorción apropiada del Mensaje de Grial,
                            es esencial leer las disertaciones en la secuencia dada.
       De otra forma...habrán lagunas que imposibilitarán un entendimiento completo.

                "La Obra "En la Luz de la Verdad" es una fuente de Conocimiento Puro
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sábado, 16 de febrero de 2019

PARALIZACIÓN





Paralización


Todo en la Creación es movimiento. El movimiento, provocado por la presión de la Luz según ley natural, genera calor, y hace posible que las formas se constituyan. Así pues, sin Luz no podría haber movimiento, y por esta razón cabe imaginarse también que el movimiento tiene que ser mucho más rápido e intenso en la proximidad de la Luz que en las regiones alejadas de ella.

En efecto, el movimiento se va haciendo más lento y pesado a medida que se aleja de la Luz, pudiendo llegar incluso hasta provocar la paralización de todas las formas que se habían constituido con anterioridad, cuando el movimiento era más vivo.

Bajo el concepto de “Luz” no debe entenderse aquí, naturalmente, la luz de un astro cualquiera, sino la Luz primordial, que es la Vida misma, es decir, Dios.

Después de haber dado esta imagen general del proceso que se desarrolla en la Creación, quiero fijar hoy la atención en la Tierra, que ahora está describiendo su órbita a una distancia de la Luz primordial mucho mayor de lo que era hace millones de años, debido a que cada vez ha sido sometida más y más a la pesadez de las tinieblas por los hombres que, en su fatuidad ridícula, se alejaron de Dios arrastrados por el desmesurado desarrollo unilateral de su intelecto. Éste no podía ni podrá jamás estar orientado más que hacia abajo hacia lo material, pues con ese fin fue dado, si bien bajo la condición de captar con la mayor nitidez todas las radiaciones e impresiones de arriba, emanadas de las Alturas luminosas.

Al cerebro anterior le corresponden todas las funciones del intelecto respecto a las actividades exteriores en la materialidad más densa, es decir, en la materia física; al cerebelo, en cambio, la recepción de las impresiones que provienen de arriba – más ligeras y más luminosas que la materialidad densa –, y la transmisión de las mismas para su elaboración.

Este obrar conjunto y armónico de cerebro anterior y cerebelo dado para provecho del hombre, fue perturbado al abandonarse éste a actividades exclusivamente terrenales, es decir, del orden de la materialidad densa, hasta que con el tiempo quedó completamente suspendido, expresamente estrangulado, porque a consecuencia de su actividad tan intensa, el cerebro anterior se desarrolló desmesuradamente en relación con el cerebelo, el cual, al ser relegado a segundo término, fue perdiendo más y más su capacidad receptiva hasta acabar atrofiándose. De este modo surgió a través de las procreaciones físicas, en el curso de millares de años, el mal hereditario; pues, al nacer ya los niños con un cerebro anterior mucho mejor desarrollado con relación al cerebelo, surgió el peligro de que despierte en ellos el pecado original, que consiste en la inclinación de pensar de antemano con miras a lo terrenal, es decir, alejados de Dios.

Todo esto resultará fácilmente comprensible para todo aquél que lo intente con seriedad; por otra parte en mi Mensaje ya lo he expuesto detalladamente y de muy diversas maneras.

Todo el mal sobre la Tierra surgió por el hecho de que el ser humano, debido a su origen espiritual, estaba en capacidad de ejercer presión a través de su volición sobre todo lo demás existente en la Tierra, cuando precisamente por razón de este origen espiritual hubiera podido y debido desarrollar una función promotora ascendente; pues no otra era y es su verdadera misión en la Poscreación donde, por ley natural, todo lo espiritual es el elemento dirigente. Lo espiritual puede guiar hacia arriba, esto sería lo natural, mas de igual modo puede hacerlo hacia abajo si el poder volitivo de este elemento espiritual tiende preferentemente hacia lo terrenal, que es lo que ocurre en los seres humanos de la Tierra.

En el conocimiento que doy en mi Mensaje acerca de la Creación y la inherente explicación de todas las leyes que obran autoactivamente en ella, – leyes que pueden ser denominadas también leyes naturales –, se muestra, sin lagunas, la actividad completa de la Creación, que permite al hombre reconocer claramente todos los procesos y, por ende, el sentido de la vida humana en conjunto, y explicar con irrevocable lógica su origen y su finalidad, dando así respuesta a toda pregunta, siempre y cuando el hombre la busque con seriedad.

Aquí habrán de detenerse hasta los adversarios peor intencionados, pues su perspicacia no bastará para penetrar en la perfecta unidad de lo expuesto, con afán de destruirlo, y privar así al hombre también de esta ayuda. – –

Ya he dicho que el movimiento en la Creación necesariamente ha de volverse más lento a medida que un objeto cualquiera se aleje de la Luz primordial, punto de partida de la presión que por consecuencia produce el movimiento.

Tal ocurre actualmente con la Tierra. Su órbita ha ido alejándose cada vez más por culpa del hombre, los movimientos se vuelven cada vez más lentos, más indolentes, y no son pocas las cosas que, por lo mismo, han llegado ya a un estadio próximo a los comienzos de una paralización.

También la paralización tiene numerosas fases; no es tan fácil reconocerla en sus inicios. Incluso durante su progresión sigue escapando de ser reconocida, a menos que un rayo de Luz incite a la observación más sutil.

La dificultad radica en el hecho de que todo lo que vive dentro del entorno de movimientos cada vez más lentos, resulta siendo absorbido y llevado paulatinamente hacia la creciente densificación que conduce a la paralización. Mas no se crea que esto es válido sólo para el cuerpo del hombre, sino para todo, incluido su pensar. Este fenómeno se produce hasta en lo más pequeño. De modo igualmente imperceptible van alterándose y desplazándose todos los conceptos, hasta los que conciernen al verdadero sentido del lenguaje.

El hombre no puede advertir nada de esto en su prójimo, puesto que él también está siendo arrastrado por el mismo balanceo lánguido, salvo que haga por sí mismo un esfuerzo de firme voluntad para elevarse de nuevo espiritualmente y acercarse un poco más a la Luz, único medio de que su espíritu se vuelva poco a poco más móvil y, por ende, más liviano, más luminoso, actuando de esa manera sobre el discernimiento terrenal.

Pero, entonces, lleno de espanto, verá – o al menos percibirá intuitivamente – con horror estremecedor, hasta qué grado de paralización han llegado ya las deformaciones de los conceptos en la Tierra. Hace falta la visión amplia de lo esencial, porque todo está comprimido en estrechos y opacos límites ya imposibles de atravesar y que, al cabo de cierto tiempo, acabarán asfixiando inevitablemente todo cuanto abarcan.

Con frecuencia he llamado la atención sobre conceptos deformados; mas ahora resulta que éstos van deslizándose lentamente por el camino descendente hacia la paralización, en un continuo alejarse de la Luz.

No es necesario citar ejemplos concretos: no se prestaría la más mínima atención a tales explicaciones o se las tildaría de fastidiosa sofistería, pues la rigidez o la apatía existente es ya demasiada como para querer reflexionar más a fondo sobre el particular.

Ya he hablado muchas veces también acerca del poder de la palabra, del misterio de que, incluso en el ámbito terrenal, la palabra humana puede actuar durante cierto tiempo de manera constructiva o destructiva sobre el devenir de la Creación, puesto que, por el sonido, el tono y la composición de una palabra, son puestas en movimiento fuerzas creadoras que no actúan según el sentido del que habla, sino según el sentido de la palabra en su significado.

En efecto, el significado de la palabra fue dado en un principio por las fuerzas que la palabra puso en movimiento y, por lo mismo concuerdan exactamente con el sentido verdadero, o viceversa, y no con la voluntad del que habla. El sentido y la palabra nacieron del movimiento correspondiente de las fuerzas; ¡es por ello que constituyen un todo inseparable!

El pensar del hombre, a su vez, pone en acción otras corrientes de fuerza que corresponden al sentido del pensamiento. Por eso el hombre debería esforzarse por elegir las palabras apropiadas para expresar sus pensamientos, es decir, sentir al mismo tiempo intuitivamente de un modo más preciso y más claro.

Supongamos que se interroga a un hombre sobre algo que ha oído o que tal vez ha visto en parte. Apenas interrogado afirmará, sin el menor reparo, que sabe de qué se trata.

Según la opinión de muchas personas superficiales, esta contestación sería correcta, y, sin embargo, es realmente falsa e inadmisible; pues “saber” significa poder dar informes precisos de todo lo ocurrido, desde el principio del asunto hasta el fin, con todos los pormenores, sin lagunas y sobre la base de la propia experiencia. Sólo entonces uno puede decir que sabe.

¡“Saber” es una expresión que, junto con los conceptos a ella inherentes, implica una gran responsabilidad!

Ya me he referido en otra ocasión a la enorme diferencia entre el “saber” y el “haber aprendido”. La erudición dista mucho del saber verdadero. Éste sólo puede ser absolutamente personal, en tanto que lo aprendido es la aceptación de una cosa fuera de la propia personalidad.

¡Oír hablar de una cosa, o haberla visto en parte, dista mucho de ser el saber mismo! El hombre no debe afirmar: “Yo sé”, sino decir a lo sumo “he oído decir” o “he visto”. Pero si su deseo es obrar con rectitud, fiel a la Verdad, su deber será decir: “No sé”.

Bajo todos los aspectos, este modo de proceder será más correcto que si informa de algo sin tener él mismo nada que ver en ello y, por consecuencia, sin poseer un verdadero saber. Por el contrario, con informes incompletos lo único que se lograría es hacer sospechosas a otras personas, acusarlas y aún tal vez precipitarlas innecesariamente en la desgracia sin conocer las circunstancias concomitantes. Ponderad, por tanto, cuidadosamente con vuestra intuición cada palabra que vayáis a utilizar.

Quien piensa profundamente, no queriendo darse por satisfecho con conceptos ya paralizados para disculparse a sí mismo de su parlanchina pedantería y malevolencia, comprenderá fácilmente la verdad de estas explicaciones y, en un examen silencioso, aprenderá a ver más allá de todo cuanto diga.

Un gran número de semejantes conceptos restringidos, con sus nefastas consecuencias, se ha convertido ya en hábito entre los hombres de la Tierra. Fomentándolos con avidez se aferran a estos conceptos los esclavos del intelecto, que son los secuaces más dóciles de las más tenebrosas influencias de Lucifer.

Aprended a observar atentamente y a utilizar como es debido las corrientes que fluyen en esta Creación. Ellas portan en sí la Voluntad Divina y, por ende, la Justicia de Dios en su forma más pura. De este modo volveréis a encontrar la auténtica condición humana de la que fuisteis despojados.

¡Cuántos sufrimientos serían evitados con este proceder y cuántos hombres mal intencionados quedarían privados de la posibilidad de actuar!

Al mismo mal se debe que la descripción de la vida terrenal de Jesús, Hijo de Dios, no concuerde en todos los puntos con los hechos reales, de donde surgió con el tiempo, hasta el día de hoy, en el pensamiento de los hombres una imagen completamente falsa. De igual manera, las Palabras que Él pronunció fueron deformadas, como ocurrió con todas las enseñanzas proclamadas religión, que debían aportar a la humanidad elevación y perfeccionamiento del espíritu.

En esto radica también la gran confusión reinante entre los hombres que, comprendiéndose mutuamente cada vez peor, dan lugar a que nazcan y florezcan el descontento, la desconfianza, la calumnia, la envidia y el odio.

¡He aquí los síntomas infalibles de la creciente paralización sobre la Tierra!

¡Elevad vuestro espíritu, comenzad a pensar y a hablar con miras más amplias y globales! Esto requiere, naturalmente, no sólo que trabajéis con el intelecto, que forma parte de la materialidad más densa, sino que volváis a proporcionar a vuestro espíritu las posibilidades de guiar vuestro intelecto, puesto que es éste el que ha de servir al espíritu según la determinación de vuestro Creador, quien, en un principio, os permitió nacer sin deformación aquí en la Tierra.

Muchas cosas se encuentran ya en el primer estadio de paralización. Todo vuestro pensar pronto podrá verse afectado, obligado a fluir en canales de férrea inflexibilidad, que sólo os pueden aportar miserias, sufrimientos y más sufrimientos, hasta acabar reduciendo vuestra condición humana al nivel de una máquina hueca, al servicio de las tinieblas, lejos de toda Luz.
      

                                                             Abd-ru-shin
                                                MENSAJE DEL GRIAL

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 "Paralización" de la Obra Eterna y Sagrada "En la Luz de la Verdad"
                                         Mensaje del Grial de Abd-ru-shin

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CULTO





Culto

El culto debe ser la forma visible del afán por acercar de algún modo al entendimiento humano aquello que es incomprensible desde el punto de vista terrenal.

Ese afán que cobra forma visible debe ser, si, pero desgraciadamente aún no lo es, pues muchas cosas deberían tener formas enteramente distintas si éstas hubiesen surgido de tal afán. El camino recto, a tal efecto, exige preci­samente que las formas exteriores provengan de lo más profundo del alma. Mas todo cuanto vemos hoy día es una estructura de orden intelectual en la que las intuiciones han de ser empotradas a posteri. El camino que se sigue, pues, es justamente el contrario, el equivocado o falso cabría decir también, el que nunca puede portar realmente vida en sí mismo.

Por eso muchas cosas se presentan de manera tosca o inoportuna mien­tras que, adoptando otra forma, se acercarían mucho más a la intención verdadera, logrando así un efecto convincente.

Cuantas cosas bien intencionadas repugnan por necesidad en lugar de convencer, por no haberse encontrado aún la forma adecuada, forma que el intelecto jamás podrá dar a lo terrenalmente incomprensible.

Lo mismo ocurre en las iglesias. La estructura intelectual orientada a adquirir influencia en la Tierra salta a la vista con sobrada claridad y ciertas cosas buenas no logran conmover porque la impresión que dan carece de naturalidad.

Ahora bien, sólo lo que no concuerda con las Leyes de la Creación se manifiesta de manera antinatural. Mas he aquí que precisamente las cosas de este género son las que abundan en los cultos actuales, donde todo cuan­to es opuesto a las Leyes naturales de la Creación es envuelto simplemen­te en una misteriosa oscuridad

Precisamente al no hablar el hombre nunca a tal respecto de una luz misteriosa, sino siempre inconscientemente de una oscuridad, da en lo justo; pues la Luz no conoce encubrimientos y, por ende, tampoco misti­cismos, para los que no habría lugar en la Creación que, surgida por la Voluntad perfectísima de Dios, funciona autoactivamente a ritmo inmuta­ble. ¡Nada hay más claro en su funcionamiento que precisamente la Creación, que es la obra de Dios!

En ello estriba el secreto del éxito y la continuidad o del derrumbe. Allí donde se haya edificado sobre las Leyes vivientes de la Creación, éstas ayu­darán y aportarán éxito y también perennidad. Pero allí donde las Leyes no hayan sido respetadas, ya sea por ignorancia o por obstinación, el derrum­be acabará produciéndose indefectiblemente, tarde o temprano; pues, a la larga, una construcción tal no podrá mantenerse en pie, porque carece de fundamento sólido y estable.

Por eso resultan efímeras tantas obras humanas que no tenían por qué serlo. Entre ellas figuran no pocas formas de culto de toda clase, que con­tinuamente han de ser sometidas a nuevas modificaciones para evitar que se derrumben por completo.

Con Su Palabra, el Hijo de Dios mostró a los seres humanos, de la forma más sencilla y clara, el camino recto por el que ha de avanzar su vida terre­nal en conformidad con la actividad funcional de la Creación, para que, ayudados por las Leyes divinas, sean apoyados y elevados hacia Alturas luminosas a fin de obtener paz y alegría en la Tierra.

Pero, desgraciadamente, las iglesias no siguieron el camino que el Hijo de Dios mismo había trazado y señalado con toda exactitud para redención y elevación del género humano, sino que añadieron a Su doctrina no pocos elementos nacidos de sus propias especulaciones, sembrando así una con­fusión que, por necesidad, había de dar lugar a divisiones, puesto que no estaban en consonancia con las Leyes de la Creación y, por lo mismo, con todo lo extraño que parezca, eran contrarias a la clara doctrina del Hijo de Dios, de quien ellas mismas tomaron el calificativo de “cristianas”.

Así por ejemplo, en el caso del culto mariano de los católicos romanos. Jesús, que todo lo enseñó a los hombres, cómo debían pensar y obrar, y aun cómo debían hablar y rezar para hacer lo que es justo y conforme a la Voluntad de Dios, ¿dijo jamás palabra alguna sobre este culto? ¡No, nada dijo de él! ¡He aquí, pues, una prueba de que no era de Su Voluntad, de que no debía existir! Es más, algunas palabras Suyas prueban incluso lo contra­rio de lo que exige el culto a María.

Con todo, es obvio que los cristianos quieren sinceramente seguir a Cristo, y sólo a Él, pues, de lo contrario, no serían cristianos.

Que por industria humana se hayan hecho adiciones a su doctrina y las iglesias papistas obren de forma distinta a la que Cristo enseñó, no es sino una prueba de que éstas tienen la osadía de encumbrarse por encima del Hijo de Dios; pues tratan de corregir Sus palabras instaurando nuevas prác­ticas que el Hijo de Dios no quiso que fueran, ya que, de otro modo, después de todo cuanto enseñó a los hombres, sin duda también se las hubiera enseñado.

Cierto que existe una Reina del Cielo, a quien en conceptos terrenales cabría denominar también “Madre Originaria” de purísima virginidad. Pero ella ha existido eternamente en las Alturas supremas y nunca fue encarnada en la Tierra.

Es su imagen radiante, y no ella verdaderamente, la que puede ser “vista” o “sentida intuitivamente” en ciertas ocasiones por seres humanos profundamente conmovidos. Y también por su mediación se producen a veces ayudas repentinas a las que se llama milagros.

Pero una visión directa y en persona de esta Reina Originaria es abso­lutamente imposible, incluso para el espíritu humano ya maduro; pues, según las inalterables Leyes de la Creación, cada especie solamente puede ver la especie de naturaleza idéntica a la suya. De aquí que el ojo terrenal no pueda ver otra cosa que lo terrenal, el ojo etéreo solamente lo etéreo, y el ojo espiritual nada más que lo espiritual, etcétera.

Y porque el espíritu humano no puede ver más que lo espiritual, que es de donde él mismo procede, es incapaz de contemplar verdaderamente a la Reina Originaria, de género mucho más elevado. Lo único que puede ver, si recibe la gracia, es su imagen espiritual radiante, que, apareciendo como algo viviente, puede tener en su irradiación una potencia tal, que realice milagros allí donde encuentre un terreno preparado para ello gracias a una fe inquebrantable o como consecuencia de una emoción profunda de aflic­ción o de gozo.

Esto forma parte de la actividad de la Creación, emanada de la Voluntad perfectísima de Dios y regida por Ella. En esta actividad se hallan, desde el principio y para toda la eternidad, todas las ayudas destinadas al hombre, a menos que él mismo se aleje de ellas, con su engreimiento de querer saber­lo todo mejor.

Dios actúa en la Creación, pues Su obra es perfecta.

Y es, precisamente por esta misma perfección, que el nacimiento terrenal del Hijo de Dios tenía que ser precedido por una procreación también terrenal. Quien afirme lo contrario duda de la perfección de las obras de Dios y, por consiguiente, de la Perfección de Dios mismo, de cuya Voluntad surgió la Creación.

Una concepción inmaculada es una concepción realizada en el más puro amor, en contraposición a una concepción en pecaminosa lascivia. Un naci­miento terrenal sin procreación no existe.

Si una concepción terrenal, es decir, una procreación, no pudiese darse sin mancha, entonces, ¡por fuerza habría que considerar toda maternidad como un mancillamiento!






Dios también habla a través de la Creación, expresando claramente Su Voluntad.

Reconocer esta Voluntad es el deber del hombre. Y el Hijo de Dios indicó con Su Santa Palabra el camino recto a seguir, porque la humanidad no hacía nada por reconocerla, enmarañándose así más y más en las Leyes autoactivas de la Creación.

Con el tiempo, la ignorancia y el uso indebido de este mecanismo inva­riable de la Creación acabarían necesariamente por aniquilar al hombre; en cambio, esa misma actividad elevará a la humanidad cuando ésta viva con­forme a la Voluntad de Dios.

La recompensa y el castigo de que el hombre se hace acreedor están con­tenidos en la actividad de la Creación, dirigida constante e invariablemen­te por la Voluntad de Dios. ¡En ella se halla también la reprobación o la redención! Es inexorable y justa, siempre objetiva y jamás arbitraria.

En ella se manifiesta la indecible Grandeza de Dios, Su Amor y Su Justicia. En ella, es decir, en Su obra confiada al hombre, como también a otros muchos seres, para que les sirva de morada y patria.

¡Ha llegado el tiempo en el cual es indispensable que el hombre adquiera este saber, para que con plena convicción llegue al conocimiento de la actividad de Dios, manifestada en Su obra!

Entonces, todo ser humano se mantendrá aquí en la Tierra firmemente erguido, con la voluntad jubilosa de obrar, dirigiendo su mirada hacia Dios en la más profunda gratitud, pues al haber reconocido, se mantendrá para siempre unido gracias al saber.

Para transmitir al hombre este saber que le proporcionará una convic­ción clara y una visión de conjunto de la acción de Dios en Su Amor y Su Justicia, he escrito la obra En la Luz de la Verdad, la cual no presenta lagunas, sino que contiene respuesta a toda pregunta y reporta claridad a los hombres, mostrándoles cuán maravillosos son los caminos de la Creación mantenidos por innumerables servidores de Su Voluntad.

                                              ¡Pero sólo Dios es Santo!


                                         
                  Abd-ru-shin
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 "Culto" De la Obra Eterna y Sagrada "En la Luz de la Verdad"
                                         Mensaje del Grial de Abd-ru-shin

                              
Para la absorción apropiada del Mensaje de Grial,es esencial leer las disertaciones en la secuencia dada.De otra forma...habrán lagunas que imposibilitarán un entendimiento completo.

"La Obra "En la Luz de la Verdad" es una fuente de Conocimiento Puro para todos aquellos quienes sinceramente buscan por La Verdad."

Abd-ru-shin nunca tuvo la intención de fundar una nueva secta o comunidad religiosa.

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